viernes, 15 de agosto de 2014

La búsqueda

Que pasen dos años dijimos... 
Y comenzó el tiempo de espera, que luego sería de búsqueda y de una espera que parecía interminable. Entramos  en un círculo vicioso de análisis, ecografías, pruebas de sangre, sensaciones, presentimientos, probar en tales días, buscar la posición correcta, tomar una u otra cosa, bañarme en unas aguas que aseguran la fertilidad, entre otras muchas cosas.
Probamos de todo, como decíamos, nos preocupábamos en hacer la tarea puntualmente, muy aplicados nosotros… pero nada. Por momentos llegamos a pensar que más que por querer era por deber… y eso ya no estaba bien.
Los dos años se convirtieron en cinco. Debo admitir que yo era la ansiosa, mi esposo lo tomaba con más calma o al menos eso parecía. A veces yo quería tirar la toalla, otras veces era él. Pero, sabíamos que nos teníamos el uno al otro para animarnos y no desesperar. Me hice muchas pruebas tratando de ver las tan deseadas  dos rayitas … era en sus brazos donde me acurrucaba y nuestras lágrimas se mezclaban… será la próxima vez.
Fue al quinto año, que haciendo caso a un nuevo consejo nos dimos una nueva oportunidad e iniciamos un nuevo tratamiento. Aunque recurrimos a la ciencia, fue Dios quien actuó
 y al fin se dio el milagro…
Hicimos una prueba de sangre… está implantado… no lo entendíamos o no creíamos que al fin fuera cierto. Buscamos lo que tanto habíamos querido ver, las dos rayitas… Esta vez sí estuvieron.

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