jueves, 28 de agosto de 2014

Elegir no es sacrificar

A medida que se acercaba el final de la licencia me llenaba de angustia y de dudas, pensaba en si mi "tripita" podría estar sin su mamá tantas horas y si yo podría estar sin ella... había sido tan esperada que misma mamá gallina no quería dejarla. ¿Qué tanta confianza podía tener en una persona que recién conozco un par de meses? Si es mi tesoro más grande ¿podrá cuidarla bien? De hecho si podía hacerlo pero no como su mamá... 
Llegado el momento tuve que darle un besito y decirle "ya vuelvo mi amor"... sentía que dejaba mi corazón entero con ella y mientras miraba el reloj esperando que sea la hora de volver, veía que lento avanza el tiempo cuando ansías que sea todo lo contrario. 
Mantuve esa situación unos meses, en el trabajo encontré ayuda y comprensión de otras madres que pasaban o habían pasado por una situación similar a la mía. 
Luego, con dolor debo admitirlo, iba sintiendo que aquella profesión que elegí por vocación y a la que me había dedicado casi a tiempo completo, porque así lo requería, durante cerca de 12 años ahora se volvía demandante.  Quería ser una buena profesional, una buena madre y una buena esposa. Mi perfeccionismo me decía que no lo estaba logrando. Empecé a frustrarme y eso me hacía sentir muy mal. Fue en ese momento que mi esposo me dijo que quería que "tripita" disfrute de su mamá y que yo merecía disfrutar de ella.
No fue una decisión fácil pero el apoyo de mi esposo me dio seguridad. 
Ahora,  veo las cosas de la casa,  atiendo a mi bebé, comparto tiempo con mi esposo e intento sacar adelante un negocio que inicié y que me permite manejar mis tiempos.
No es un sacrificio lo que hice sino una elección, no me hace menos independiente ni menos capaz. Soy muy privilegiada y agradezco por ello a Dios y a mi esposo. Este es mi momento de ser mamá y esposa... y me hace muy feliz.

viernes, 22 de agosto de 2014

Amor por el agua

Una de mis primeras inquietudes surgían cuando pensaba en el primer baño, al principio los baños secos no eran tan complicados, además, ahí el que tomaba la batuta era mi esposo. Pero para cuando llegara la hora de bañarla en la tina sí quería estar preparada. Navegando por la red encontré un video en el que me dieron el mejor consejo en este tema. “Es importante darle seguridad al bebé, mantén sujetada una de sus manitas en todo momento…” Debo decir que mi tripita nunca ha llorado a la hora del baño, es más, lo disfruta mucho. En el verano pasado, nos animamos a meterla a la ducha y dejar caer el agua poco a poco en su carita. Ansiamos que ya llegue el verano nuevamente para repetir esta experiencia. Vi unos gorritos que precisamente son para evitar que le caiga agua al rostro… mi pequeña nunca lo necesito y en nuestro caso me parece innecesario.

Como a los seis meses tomó sus primeras clases de natación, que además de ser otra oportunidad de acercamiento piel con piel ayuda en su estimulación y desarrollo motor. Hace unos días retomó las clases y me encantó verla disfrutar cada minuto en el agua.  Sonríe, juega, experimenta y se relaja un montón…

martes, 19 de agosto de 2014

Miedos y declaraciones

Y le decía a mi esposo: no te preocupes, yo sé cuidar bebés. Tengo dos hermanas menores y varios primos y a todos ellos los he cuidado, les he dado de comer y hasta les he cambiado el pañal (incluida la tela blanca, la gasa, la tetra, el imperdible y el calzoncito de plástico)...
Y bastó con tener a mi pequeñita en  brazos para caer en la cuenta de que eso no es suficiente.  Es cierto que ayudé a cuidar a los bebés de la familia, por ser la hija y prima mayor, pero también es cierto que nunca tuve semejante responsabilidad en mi vida. Tener un hijo implica mucho mas que decidir que marca de pañal usar o que ropita ponerle y lo realmente importante es lo que implica un reto... Mi esposo me decía el otro día: te das cuenta de que cada cosa que hagamos a partir de ahora influirá en la vida de nuestra tripita ??? Y el solo pensar eso me da miedo...miedo que luego al verla en mis brazos, dormidita haciendo su siesta, me lleva a DECLARAR que quiero hacerlo bien y quiero hacer de mi pequeña una personita feliz. Seguro que cometeré algunos errores pero espero que no sean muchos.
Y algún día cuando la vea yendo por la vida podré decir: ADELANTE MI AMOR SIGUE TU CAMINO... AHORA TE TOCA A TI HACER DE ALGUIEN MAS UNA PERSONITA FELIZ....

lunes, 18 de agosto de 2014

Mi aventura con la lactancia

Luego de más de un año de sentirte muy cerquita en mi pecho, jugueteando con tu manita mientras adormitada tomas de tu "tititita" pienso en lo mucho que soñaba con este momento y cuanto deseaba que fuese perfecto... Busqué prepararme y estuve decidida a que en esos momentos donde eres más frágil, con tu cuerpo pequeñito y necesitas de mi leche como único alimento nada se interpusiera. Pero mi decisión no fue suficiente... 
Antes del esperado día en varias oportunidades conversamos con mi esposo sobre los beneficios de una lactancia materna exclusiva y quedamos en que no le daríamos biberón y mucho menos fórmula. Cuando me subieron al cuarto estaba ansiosa esperando a mi pequeña tripita, apenas me la dieron la puse junto a mi pecho y le ofrecí su tetita, recordaba todo lo que me habían enseñado y creo que lo hacíamos bien. Poco después empezaron los comentarios, no se supone que están ahí para ayudarnos??? Que duerme mucho no está comiendo lo suficiente, que no moja suficientes pañales, que esa posición no está bien, que póngase así... pero lo definitivo vino cuando el médico nos dijo: –si no autorizan a que le den la fórmula usted será dada de alta y la bb se quedará aquí– frente a eso no supimos que más hacer que autorizar, no podíamos dejarla… ahora pienso que quizás eso no era cierto, había perdido un poco de peso pero eso es normal con los recién nacidos…
Eso me llenó de inseguridad, luchaba por mantenerla despierta para que coma, pero salió igual de dormilona que sus papis. Lo intenté pero al escucharla llorar y ver que no era suficiente una vez más recurría al biberón. Me sentía mala madre por no poder ser una vaquita lechera para ella. Las visitas al pediatra siempre terminaban en lo mismo: no subió de peso lo suficiente... Si no la tenía en el pecho estaba con el extractor y era lo mismo, 40 minutos y apenas juntaba 2 onzas.
En todo este tiempo he admirado a las mamis que lograron la LME, pero también puedo decir orgullosamente que le sigo dando pecho,  que podrá haber un biberón frente a ella pero que siempre pedirá primero su "tititita". No soy una mala madre, para algunas fue más fácil,  para mí no. 
Ahora que me preguntan hasta cuándo, solo tengo una respuesta y es hasta cuando ella quiera.

viernes, 15 de agosto de 2014

Antes del nombre

Leyendo una de las tantas páginas para embarazadas, de esas que te cuentan el desarrollo del bebé semana a semana, me encontraba con comparaciones como “…es del tamaño de un guisante”, o “…ya casi tiene el tamaño de una toronja”. Esto sumado a la creatividad de mi esposo le daba un nuevo apodo a mi pequeña, que parecía escucharlo por como se movía en mi vientre. Pasó de ser un “guisante saltarín” a “toronjil”. Y cuando la doctora nos dijo, equivocadamente por cierto, que era un varoncito la cosa se puso más cómica porque ahora lo llamaba “Bruce Willis” o “Maldito Hanz”, aún no me queda claro por qué pero creo que tiene que ver con una película. Luego, nos confirmaron que era una linda bebé la que estaba en camino y aunque quisiera no acordarme también le decía “insecta infecta”, eso porque le buscaba un sobrenombre de X-men. Entonces,me tocó a mí, como se movía mucho sentía que me revolvía las tripas… ahí se convirtió en “mi tripita”, “mi tripis”…

La búsqueda

Que pasen dos años dijimos... 
Y comenzó el tiempo de espera, que luego sería de búsqueda y de una espera que parecía interminable. Entramos  en un círculo vicioso de análisis, ecografías, pruebas de sangre, sensaciones, presentimientos, probar en tales días, buscar la posición correcta, tomar una u otra cosa, bañarme en unas aguas que aseguran la fertilidad, entre otras muchas cosas.
Probamos de todo, como decíamos, nos preocupábamos en hacer la tarea puntualmente, muy aplicados nosotros… pero nada. Por momentos llegamos a pensar que más que por querer era por deber… y eso ya no estaba bien.
Los dos años se convirtieron en cinco. Debo admitir que yo era la ansiosa, mi esposo lo tomaba con más calma o al menos eso parecía. A veces yo quería tirar la toalla, otras veces era él. Pero, sabíamos que nos teníamos el uno al otro para animarnos y no desesperar. Me hice muchas pruebas tratando de ver las tan deseadas  dos rayitas … era en sus brazos donde me acurrucaba y nuestras lágrimas se mezclaban… será la próxima vez.
Fue al quinto año, que haciendo caso a un nuevo consejo nos dimos una nueva oportunidad e iniciamos un nuevo tratamiento. Aunque recurrimos a la ciencia, fue Dios quien actuó
 y al fin se dio el milagro…
Hicimos una prueba de sangre… está implantado… no lo entendíamos o no creíamos que al fin fuera cierto. Buscamos lo que tanto habíamos querido ver, las dos rayitas… Esta vez sí estuvieron.