A medida que se acercaba el final de la licencia me llenaba de angustia y de dudas, pensaba en si mi "tripita" podría estar sin su mamá tantas horas y si yo podría estar sin ella... había sido tan esperada que misma mamá gallina no quería dejarla. ¿Qué tanta confianza podía tener en una persona que recién conozco un par de meses? Si es mi tesoro más grande ¿podrá cuidarla bien? De hecho si podía hacerlo pero no como su mamá...
Llegado el momento tuve que darle un besito y decirle "ya vuelvo mi amor"... sentía que dejaba mi corazón entero con ella y mientras miraba el reloj esperando que sea la hora de volver, veía que lento avanza el tiempo cuando ansías que sea todo lo contrario.
Mantuve esa situación unos meses, en el trabajo encontré ayuda y comprensión de otras madres que pasaban o habían pasado por una situación similar a la mía.
Luego, con dolor debo admitirlo, iba sintiendo que aquella profesión que elegí por vocación y a la que me había dedicado casi a tiempo completo, porque así lo requería, durante cerca de 12 años ahora se volvía demandante. Quería ser una buena profesional, una buena madre y una buena esposa. Mi perfeccionismo me decía que no lo estaba logrando. Empecé a frustrarme y eso me hacía sentir muy mal. Fue en ese momento que mi esposo me dijo que quería que "tripita" disfrute de su mamá y que yo merecía disfrutar de ella.
No fue una decisión fácil pero el apoyo de mi esposo me dio seguridad.
Ahora, veo las cosas de la casa, atiendo a mi bebé, comparto tiempo con mi esposo e intento sacar adelante un negocio que inicié y que me permite manejar mis tiempos.
No es un sacrificio lo que hice sino una elección, no me hace menos independiente ni menos capaz. Soy muy privilegiada y agradezco por ello a Dios y a mi esposo. Este es mi momento de ser mamá y esposa... y me hace muy feliz.




